Diseñar una estrategia de operaciones logísticas requiere una doble capacitación: por un lado, disponer de las competencias necesarias para elaborar un plan estratégico en términos generales, es decir, saber cómo estructurarlo y qué elementos integrar en él, destacando los procesos y las actividades clave, y por el otro conocer con sumo detalle las especificidades propias del sector, disponer de una visión los suficientemente amplia y profunda de las operaciones logísticas, para poder adoptar la línea estratégica más pertinente y tomar las decisiones más adecuadas al respecto.
Las claves del diseño de una estrategia de operaciones logísticas
Ante todo, cabe destacar la importancia de disponer de herramientas que faciliten no solo el diseño, sino también la comunicación y la monitorización del desempeño de la estrategia de operaciones que se adopte, ambos aspectos tan o más importantes que la misma planificación: sin una adecuada comunicación de la estrategia no es posible contar con el compromiso con la misma de todos los miembros y departamentos de la organización, y por supuesto, contar con instrumentos de seguimiento y evaluación es imprescindible para medir su desempeño, identificar riesgos y tomar medidas correctivas para optimizar el rendimiento de los procesos y las actividades involucradas en su desarrollo.
Tras este breve apunte, lo primero a tener en cuenta son los objetivos a corto, medio y largo plazo que la estrategia debe perseguir. En el caso de la logística, y a parte de los que cada compañía estime oportunos para sus necesidades y realidades concretas, se deben tomar en consideración los objetivos relacionados con la optimización de la cadena de suministro, es decir, todos aquellos que redunden en incrementar la satisfacción del cliente con el servicio prestado.
El éxito de una estrategia de operaciones dependerá, en gran medida, de los objetivos que se fijen, los cuales deberán ser a un mismo tiempo tan sólidos y ambiciosos como realistas y flexibles.
Una vez establecidos estos objetivos, y teniendo en mente el modo más adecuado de monitorizar su consecución, se deberán definir los indicadores clave de rendimiento oportunos. Respecto a ellos, en su consideración se tiene que sospesar qué actividades y procesos habrá que monitorizar, qué naturaleza revisten (cuantitativa o cualitativa) y bajo qué perspectiva se enuncian (financiera, del cliente, de operaciones internas o de crecimiento).
Por último, y establecidos los objetivos y los indicadores, se deben llevar a cabo dos procesos de extremada importancia, uno de los cuales ya lo mencionábamos al empezar, implicando el paso inmediatamente posterior al diseño de un plan estratégico:
Definición de responsabilidades: en función de los objetivos establecidos, se deberán especificar las responsabilidades aportando nombres y cargos concretos, delimitando con detalle el ámbito de actuación y las capacitaciones de cada uno de los cargos asignados.
Asegurar el compromiso con la estrategia: implica, como decíamos, comunicar la estrategia definida a todos los niveles de la compañía. Este aspecto es especialmente crítico y presenta retos particularmente complejos en entornos logísticos, en los cuales la movilidad de sus miembros dificulta el contacto inmediato y simultáneo con los mismos. Es imprescindible, por ello, contar un una adecuada red de comunicación, facilitando los dispositivos móviles oportunos y las herramientas complementarias adecuadas a los equipos humanos para que asuntos de gran calado como este se puedan cerrar de un modo satisfactorio.