Metodologías para la toma de decisiones hay muchas y diversas. La que se explica en el Máster Supply Chain Management de EAE es la propuesta por Hayes y Wheelwright, muy completa, visual y útil. Esta metodología clasifica las decisiones estratégicas en el ámbito de las operaciones en dos categorías: estructurales e infraestructurales.
Este post trata sobre la estrategia de operaciones y su papel como elemento clave para el éxito de la empresa.
Decisiones estructurales: consiguiendo la máxima productividad
Las decisiones estructurales se relacionan con la capacidad del sistema productivo, que es la primera decisión estratégica que toma una empresa. Ésta viene determinada por los objetivos estratégicos relacionados con la demanda. Por ejemplo, si se prioriza la flexibilidad, la capacidad productiva deberá ser superior a la demanda para poder servir en cualquier momento que lo solicite el cliente, para adaptarse al entorno. En cambio, si se antepone el coste, la capacidad productiva será igual o estará por debajo de la demanda, se enfocará a economías de escala y a un coste por unidad lo más bajo posible.
Por eso, las decisiones estructurales incluyen decisiones relativas a capacidad, localización de centros productivos y logísticos, configuración de la red de aprovisionamiento y diseño del proceso operativo. Se caracterizan por tener un impacto a medio y largo plazo; por precisar de una inversión elevada para llevarlas a cabo, modificarlas y/o ampliarlas; y por ser las más fáciles de copiar porque son tangibles y fácilmente detectables por parte de la competencia. Ejemplos de este tipo de decisiones son: incrementar la capacidad de las instalaciones; localizar una nave industrial o una planta en un determinado lugar; o modificar el diseño de la cadena de producción.
Al final, cualquier decisión estratégica que se tome debe estar alineada con la ventaja competitiva que se quiera adoptar: flexibilidad, coste, calidad, u otra. Si se busca la flexibilidad, los centros productivos se situarán cerca de los clientes y de los proveedores. De esta forma, la empresa será más ágil a la hora de servir pedidos o realizar cambios.
En estos momentos, se empieza a revertir ya la tendencia de las últimas décadas, basada en la deslocalización de las cadenas de suministros hacia países menos desarrollados en busca de mano de obra barata. En breve, las empresas comenzarán a reorientarse hacia la relocalización, porque la demanda ya no quiere un precio bajo a cualquier coste y tiene más en cuenta el servicio. Estar cerca de los clientes y ser más flexible, eso sí, a unos costes razonables, es lo que acabará por imponerse a unos pocos años vista.
Decisiones infraestructurales: la mejor planificación estratégica
En cambio, las decisiones de infraestructura, las decisiones software, se refieren a planificación y control, calidad, organización interna del trabajo, recursos humanos y desarrollo de nuevos productos y servicios. Se caracterizan por su impacto a corto plazo, ser difíciles de copiar y son las que marcan, generalmente, la diferencia competitiva en las operaciones de la empresa. Por ejemplo, una estrategia de flexibilidad o servicio necesita profesionales entrenados, con formación y talentosos. Sin embargo, una estrategia orientada a costes, contratará operarios con salarios mínimos.
La división entre decisiones estructurales e infraestructurales deja claramente visible la diferencia entre las decisiones más tangibles de las soft o más intangibles. En cualquier caso, todas ellas deben estar perfectamente alineadas con la estrategia de operaciones y con la estrategia de la empresa, además de con el resto de elementos como los indicadores, las decisiones y las buenas prácticas, para que, en conjunto, todo tenga un sentido.
Al final, cualquier decisión estratégica que se tome debe estar alineada con la ventaja competitiva que se quiera adoptar: flexibilidad, coste, calidad, u otra. Si se busca la flexibilidad, los centros productivos se situarán cerca de los clientes y de los proveedores. De esta forma, la empresa será más ágil a la hora de servir pedidos o realizar cambios.
En estos momentos, se empieza a revertir ya la tendencia de las últimas décadas, basada en la deslocalización de las cadenas de suministros hacia países menos desarrollados en busca de mano de obra barata. En breve, las empresas comenzarán a reorientarse hacia la relocalización, porque la demanda ya no quiere un precio bajo a cualquier coste y tiene más en cuenta el servicio. Estar cerca de los clientes y ser más flexible, eso sí, a unos costes razonables, es lo que acabará por imponerse a unos pocos años vista.
● Fuente: Retos en Supply Chain